Tobar García, algún día entre el 15 y el 16 de septiembre de 2009
A mi sordo-mudo confidente:
La presente representa una misiva muda , una misiva callada detrás de la cual no hay palabra que la diga.
Los presentes grafismos no se corresponden con metáfora espacial de oralidad o sonoridad alguna que se le parezca:
grito, aullido, murmullo, chistazo:
no.
Esta carta no ha sido dictada por ninguna voz, no ha sido enunciada, pronunciada, declamada, entonada, ni aún siquiera podría decirse
–no puede decirse-
que pensada.
La presente carta representa, en cada uno de sus caracteres, multiplicidad de irreproducibles
gestos, actitudes, señas, muecas, guiños:
todos no-emitidos en el más cauteloso de los sigilos.
Quien escribe esta carta no ha encontrado otra forma de diagramarla, no ha tenido más recursos para exponer sus “ay”,
sus “no”,
sus “paso”,
sus “basta”, sus
“pero te dije que la cortes che”
que a través de movimientos de cabeza, mordidas de lengua, apretadas de dientes, levantadas de hombros, cerradas de ojos
(los dos juntos y con fuerza)
, de puños, de cachetes, de glúteos. Así ha sido escrita, y no por elección sino por oficio.
A razón de lo arriba no expuesto, se solicita a Ud., mi sordomudo confidente, tenga a bien el respeto y favor de no leer en voz alta la presente carta, sino de gesticularla bien bajito y al ras de su ombligo.
Es todo cuanto el abajo firmante,
Su a-dicto confesante, puede requerir.
Sin más y quedando a Su entera disposición, lo saluda a
Ud. muy atentamente
Sebi