domingo, 16 de mayo de 2010

De Sebi a su sordo-mudo confidente

Tobar García, algún día entre el 15 y el 16 de septiembre de 2009

A mi sordo-mudo confidente:

La presente representa una misiva muda , una misiva callada detrás de la cual no hay palabra que la diga.

Los presentes grafismos no se corresponden con metáfora espacial de oralidad o sonoridad alguna que se le parezca:

grito, aullido, murmullo, chistazo:

no.

Esta carta no ha sido dictada por ninguna voz, no ha sido enunciada, pronunciada, declamada, entonada, ni aún siquiera podría decirse

–no puede decirse-

que pensada.

La presente carta representa, en cada uno de sus caracteres, multiplicidad de irreproducibles

gestos, actitudes, señas, muecas, guiños:

todos no-emitidos en el más cauteloso de los sigilos.

Quien escribe esta carta no ha encontrado otra forma de diagramarla, no ha tenido más recursos para exponer sus “ay”,

sus “no”,

sus “paso”,

sus “basta”, sus

“pero te dije que la cortes che”

que a través de movimientos de cabeza, mordidas de lengua, apretadas de dientes, levantadas de hombros, cerradas de ojos

(los dos juntos y con fuerza)

, de puños, de cachetes, de glúteos. Así ha sido escrita, y no por elección sino por oficio.

A razón de lo arriba no expuesto, se solicita a Ud., mi sordomudo confidente, tenga a bien el respeto y favor de no leer en voz alta la presente carta, sino de gesticularla bien bajito y al ras de su ombligo.

Es todo cuanto el abajo firmante,

Su a-dicto confesante, puede requerir.

Sin más y quedando a Su entera disposición, lo saluda a

Ud. muy atentamente

Sebi

De Simona a Julio

toBaR garCíA, alGún dÍa, eN mediOdía

Julio:
El otro día, Marcela, la psicóloga, me preguntó por qué escribo. Y es que, como bien vos sabés, porque bien me conocés, escribo mucho, escribo todo el tiempo. Casi podría decirse que es lo único que hago. Escribo las paredes, las servilletas, las manos, los pañuelos, las puertas, los marcos, las sábanas, las frazadas, las uñas, los juegos de mesa, las mesas, los respaldos de las sillas, las cartas que alguna vez alguien escribió, las que no escribió, y hasta las caras de mis compañeros de cuarto cuando duermen. Mauro, el chico que duerme a mi derecha, dice que escribo porque es mi forma de escapar. Verónica, la chica que duerme a mi izquierda, dice que lo hago de puro narciso que soy nomás. El otro día, mientras me cepillaba los dientes en el baño, apareció de repente Fabián y empezó a hacer dibujos con el dentífrico en el espejo. Yo lo empujé y le dije que no era así como se hacía. Me puse pasta en el dedo y empecé a escribirle una carta a la mamá de la mamá de la mamá de la mamá de mi mamá. Cuando los operadores vieron lo que había hecho me ordenaron que lo limpiara de in-me-dia-to. Y lo limpié todo menos la firma con mi nombre. Hablando de mi mamá, hace muchísimo no me viene a visitar. Ni ella ni nadie de mi familia. Todos los fines de semana, las familias de los demás chicos vienen a visitarlos y les traen golosinas y regalos y, como a mí nadie me viene a visitar, me quedo sólo haciendo lo que más me gusta hacer, que es escribir. Al principio escribía cuentos de súper héroes con poderes mágicos que luchaban contra monstruos de planetas lejanos. Después empecé a escribir historias de historias que alguna vez me habían contado. Generalmente no me acordaba cómo terminaban, pero no importaba porque les inventaba un final. A algunas les inventaba varios finales y escribía uno al lado del otro para que cada cual eligiera el que más le guste. O los escribía en hojas separadas y los sorteaba: uno feliz, uno triste, uno fantástico, uno realista, uno romántico, uno policial, uno escueto, uno interminable, uno inconcluso. Cuando me empecé a quedar sin súper héroes y sin historias, empecé a escribir sobre lo que me pasaba cada día, lo que hacía desde que me levantaba hasta que me dormía. Y como todo lo que hacía era escribir, empecé a escribir sobre mí escribir. Sobre las palabras que usaba, los puntos que ponía, las comas que me ahorraba, las mayúsculas que nunca faltaban. Ello hizo que terminara escribiendo una obra autológica inacabable, y todo lo hice comenzando con la primera letra de mi escrito sin fin: la E de “El otro día”. La E es una letra con un palito largo y tres más cortos que nacen del primero y se extienden en paralelo hacia la derecha, equidistantes el uno del otro. Con la E se pueden escribir sustantivos como “Ejército”. Y también nombres propios de varón como “Esteban”, o de mujer como “Emilia”. También se pueden escribir nombres de animales, como “Elefante”, y hasta de verduras favoritas, como “Espárragos”. Pero también, a la E, se le puede agregar una l (ya no en mayúcula sino en minúscula) pegadita al lado, y no para escribir la palabra “elefante” sino para formar un artículo masculino en singular: “El”. Según Google, la palabra “El” es aquella con la que empieza el 53,6% de todos los textos subidos a internet (guau). “El” –qué palabra. Si en vez de “El” fuera simplemente “el”, no habría tanta historia. Pero en cambio “El” suena tan, tan… tan fuerte, tan exuberante, tan sublime, imponente, soberbio, casi que inalcanzable, poderoso, terrorífico, monstruoso. De sólo escribirla tiemblo de miedo. Una vez una amiga me dijo que las palabras no matan, pero las mayúsculas sí. Por eso no le echemos la culpa a “el”, que pobrecito no tiene nada que ver, sino a “El”. A la mayúscula, que no por nada sólo existe en la escritura.

simona

De Facu a Martín

tobar garcía. 8 de agosto de 2009

mi entrañable amigo Martín

cómo le va. hace mucho no le escribo. no sabría precisar cuánto. acá adentro la diferencia entre el día y la noche. se pierde como la línea del horizonte en la ciudad. extasiada de edificios. y automóviles. y árboles secos. y luces que cuelgan de postes que alguna vez fueron árboles. secos. en tal con. texto. el arribo de la presente. responde a una cuestión realmente. por ello le pido me preste toda su atención. a lo que le voy a contar. que es sobre aquello que me pidió que hiciera. él. o usted

me dijo fuera corriendo. no caminando. no trotando. corriendo y a toda velocidad. le dijera la verdad a su mamá. le hice caso. eché a correr por la vereda. frenando en cada esquina. mirando a ambos lados antes de cruzar. tal cual me habían enseñado. esperando llegado el caso. el tipito de verde me cediera el paso. corrí también por calles. avenidas. peatonales. hice dedo en autopistas. viajé de polizón en motos con sidecar. saqué boleto en camiones de ganado. pedí un aventón a helicópteros blindados. chapoteé en ríos secos. rodé cuesta arriba por laderas de montaña. desmontada. buceé en canales de riego codificado. en flujos de deseo descontracturado. subí a copas de abedules. jugué entre ramas de ombúes. esquivé minas en actividad. fui al encuentro de hombres en pasividad. franqueé alambrados petrificados. bosques electrificados. fronteras sin nombre. (todas sin nombre. ¿puede creerlo?) puestos de gendarmería abandonados. cuarteles militares sublevados. restoranes de comida al paso. subí en andamios hasta la punta de antenas pararrayos. aprecié la ciudad como cartografía cósmica. me zambullí de cabeza en bocas de cloacas. removí los cadáveres allí arrojados. sorteé bulevares. me perdí en diagonales. retomé por Alsina. doblé en La Rioja. abordé la plaza. bajé la escalera. de la estación. salté el molinete. esperé el subte. de paro en justo reclamo. por la jornada de trabajo. de 2 horas. y cuarto

corrí hasta exactos veinte pasos la puerta de su casa. allí me detuve. en seco. turulato. pensando en qué verdad debía yo contar. le. a su mamá. que había hecho lo que no. que no quería lo que sí. quedé inmóvil. enraizado. en el piso de baldosas de granito uniforme. callando en completa callada. como en el departamento de la abuela. en la sala de espera del consultorio del pediatra. en el asiento trasero de la combi. de la escuela

allí lo conocí. viajando del lado de la ventanilla. no sabía fuera él. o usted. sus ojos. tan iguales a los suyos. verde albahaca. su boquita. tan como la suya. rojo morrón. sus cachetes. tan cachetes. desbordantes de pecas en forma de semillas. sus manitos. con uñas de espina. sus puntas. del pelo florecidas. hermosamente parecidas. toda una horti-cultura. lo hicimos una vez. (la primera de ambos.) grité dos. (una de dolor. otra de amor.) sangré tres. (una en cada grito. una tercera en el más absoluto.) silencio

corrí los veinte pasos que faltaban. abrí la puerta de su casa. pegué un portazo. entré al lavadero. le dije a su mamá. doña. doña. doña. doña. doña. la verdad. está machada con sangre. lávela. por favor

eso hice. créame. quiérame. pensé era usted. él pensó era yo. no se equivocó. se enamoró. me enamoré. cómo no. por ello le pregunto. por pudor no me atreví. a preguntarle a él. ¿era él? ¿o era usted?

ansioso aguardo. su res. puesta

Facu